Lo que no nos Enseñaron sobre “Decir No”

Por 3 octubre, 2017Liderazgo

“Pues más vale que le informes que si es para pedir tu mano , no lo haga. Perdería el tiempo y me haría perder el mío…
-Pero es que yo opino…
-!Tu no opinas nada y se acabó!..
Tita bajó la cabeza y con la misma fuerza con que sus lágrimas cayeron sobre la mesa, así cayó sobre ella su destino.”

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-!Tu no opinas nada y se acabó!.. La negación tiene matices, se pinta sobre el lienzo de la indiferencia o se traza sobre el papel de la consideración. El “No”, es una palabra pequeña que impacta en grande las posibilidades que cierra.

“… con la misma fuerza con que sus lágrimas cayeron sobre la mesa, así cayó sobre ella su destino.” Un destino que cambia no sólo por el “No” que recibió Tita, sino por la forma que lo recibió. La manera en que decimos “No”, influye en un mundo subyacente que se esconde en las profundidades del alma y que sale a flote sin darnos cuenta, y a veces sin que seamos conscientes de los estragos que hace.

Algunos “No” que me ha sido posible recoger entre las historias gerenciales o de vida que quedan esparcidas en mi camino, los planteo como casos a continuación.

Caso 1.
Gerente:          Que no tome vacaciones si se lesionó su compañero.
Jefe:                 Las vacaciones las solicitó con mucho tiempo porque planeó la fiesta de su hija.
Gerente:          Bueno, que la cancele.

Caso 2
Hijo:                Papá, ¿voy a poder ir a la fiesta?
Papá:                No hijo no vas.
Hijo:                Pero papá..
Papá                 No vas a la fiesta y punto, ya dije.

Caso 3
Esposa:             Amor, quisiera hablar con vos de lo que pasó que me tiene incómoda.
Marido:            Tengo mucho trabajo, hablá rápido y que no nos tome más de 20 mins.

Tu no opinas nada y se acabó..! La misma frase camuflada en esos diálogos, al igual que entre tantas conversaciones que escucho.

No se trata sólo del cumpleaños de la hija que la colaboradora debía cancelar, no se trata sólo de la fiesta a la que el hijo no podría ir, o la conversación apresurada entre el marido y la esposa. Se trata sobre todo del estado de ánimo que genera cada “No” que decimos. En tanto el “No” es una respuesta a una petición, cada solicitud que hacemos es una expectativa de que la respuesta sea en consecuencia con nuestro deseo; el “No”, por su naturaleza se contrapone a ese deseo, y aunque en muchos casos es necesario decir “No”, el problema está en cómo ese “No” refleja de forma tácita la importancia que le doy a lo que inquieta al otro.

Siguiendo a Rafael Echeverría, cuando algo no me es posible y yo me opongo, emerge el estado de ánimo del resentimiento, y si lo natural es desear lo que se pide, cada “No” que se entrega tiene por atributo propio la oposición, de ahí lo crucial que es hacerse cargo no sólo del “No” que damos, sino también de la expectativa implícita en la petición que recibimos. El problema no es decir que “No”, eso nos sale fácil porque sale de nosotros. El problema es no considerar lo que el otro necesita como válido.

Si considero válida la inquietud del que me plantea algo, si le doy importancia, es posible que surjan alternativas para decir un “No” distinto en los casos anteriores; algunas posibles podrían ser:

Caso 1:
Las vacaciones son para la fiesta de su hija, ¿qué otras opciones tenemos?

Caso 2:
Hijo, prefiero que no vayás a la fiesta, vení para contarte por qué, hablemos..!

Caso 3:
Amor, estoy con un trabajo. Te parece si lo hacemos mañana para dedicar el tiempo y la atención que merece la conversación.

No se trata de nunca decir “No”; por ejemplo es muy válido en espacios gerenciales y personales establecer tiempo para una conversación, dadas razones de eficiencia o por compromisos posteriores; el punto es que es distinto hacerse cargo desde la consideración que hacerse cargo desde la invalidación. Como se puede notar, el “No” de los casos originales reflejan abandono de cómo el otro se siente, en las alternativas se abraza emocionalmente, haciéndole sentir que lo que plantea es importante, aunque no necesariamente se esté de acuerdo, lo cual es un tema de otro escrito aparte.

Conclusión

Como seres humanos muchas veces encuadramos el lenguaje en las palabras que se dicen, dejando de lado que hay un mundo que subyace debajo de lo que se dice. Tal vez no hemos sido tan conscientes es que hay realidades que van más allá del camino alternativo que nos presenta cada “No”, que hay un mundo emocional subrepticio, y va a ser distinto si sabemos hacernos cargo o no de ese mundo.

La forma en que decimos cada “No”, refleja si nos importa lo que dice el otro, y si no es así, el “No” me importa se disfraza de urgencia, de imposición, de falta de tiempo o de espacio en la agenda.

Identifico ciertas características en las opciones alternativas de respuesta que presento para los casos planteados:

  1. Estas respuestas sólo son posibles si valido como genuino lo que el otro siente.
  2. Estas respuestas se hacen cargo del estado emocional que genera la negativa.
  3. Este interés por el otro me permite explorar opciones.
  4. El hacerme cargo del “No” que genero, impacta el futuro de la relación, tanto como lo hace el no hacerme cargo.

Si al hacer un recuento de nuestras relaciones encontramos alguna resquebrajada, es muy posible que encontremos el porqué escondido detrás de cada “No” que decimos, recubierto de resentimiento y distancia. Lo triste de esto es que muchas personas pueden pasar su vida con las relaciones colgando en los recuerdos lejanos de la memoria, sin darse cuenta del por qué se terminaron esas relaciones.

Soy Gerson Castro, Coach Empresarial. Si las conversaciones de tu empresa deben transformarse, mi whatsapp es 8842-5568.

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